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miércoles, 3 de diciembre de 2025
lunes, 1 de diciembre de 2025
miércoles, 19 de noviembre de 2025
Legislatura Porteña 2023 Legislador: Juan Pablo Odezaile.
Donde recibimos un diploma de reconomiento e interés cultural y comunicacional por nuestro compromiso.
miércoles, 12 de noviembre de 2025
Entrevista en Página 12. EUGENIA BEKERIS Y TU MIRADA, UNA NOTABLE MUESTRA DE OBRAS INTERVENIDAS.
“Viento cálido en nuestros corazones”
La artista propició una serie de encuentros íntimos con miembros de pueblos originarios, familiares de desaparecidos y de sobrevivientes del Holocausto. Sus dibujos fueron luego intervenidos a gusto por los protagonistas, con resultados emocionantes.
Once dibujos en lápices de colores, once encuentros, once historias. Tu mirada, el nuevo trabajo de Eugenia Bekeris –muy conectado con su labor anterior– irradia sensibilidad desde distintos puntos de vista: ella, artista visual, eligió a once personas cuyas vidas están atravesadas por la Historia. Hijos y hermanos de desaparecidos, familiares de sobrevivientes del Holocausto, miembros de pueblos originarios. Los invitó a su taller, en ocasiones los visitó en su casa, generó un clima, les propuso sentarse cómodos y encaró la difícil tarea de dibujarlos. In situ, durante dos horas y media. Con alguna pausa para descansar. Después, en su hogar, perfeccionó el trabajo ayudándose con algunas fotografías. Pero la obra no culminaba ahí: los dibujos tenían que completarlos ellos, los protagonistas de las historias. Intervenirlos, con lo que quisieran. Con palabras, con fotos, quizá con algún manuscrito que conservaran del ser querido del que tuvieron que despedirse a la fuerza. En Tu mirada, entonces, habla Bekeris a través de sus lápices, y todos esos seres que se cruzaron en su camino y que acabaron regalándole el relato de una parte de su vida.
Curada por Juan Pablo Pérez, Tu mirada conecta con anteriores trabajos de Bekeris: es una de las artistas que dibujaron los juicios por los crímenes de lesa humanidad, en respuesta a una necesidad de H.I.J.O.S., cuando el Tribunal Oral Federal Nº 5 prohibió que se tomaran fotos y que se filmara en la sala (ver recuadro). En 2010 presentó, en el Centro Cultural Borges y con la curaduría de Eduardo Stupía, una muestra de dibujos que retrataban a sobrevivientes del Holocausto. “Tengo una historia que signó mi trabajo. Durante el genocidio nazi mataron a mis dos familias, la materna y la paterna, salvo a mis padres y a un tío que pudo escaparse. También se salvaron otros familiares que hace poco me enteré de que vivían en Estocolmo. En mi familia no se hablaba del tema, como en muchas otras, porque no había palabras para explicar a los hijos esta gran masacre. Los genocidios provocan una gran parálisis, por el miedo”, cuenta Bekeris a Página/12. Tras una instalación que inauguró en 1995 en el Centro Cultural Recoleta, llamada El secreto, reconstruyó su identidad: supo los nombres de sus familiares asesinados durante el nazismo, averiguó qué había sucedido con ellos. Y los inscribió en los archivos de los países en los que habían nacido y en el Museo del Holocausto, en Israel. “Dejaron de ser NN para la historia y para nosotros”, recuerda.
“Además soy parte de la generación de los desaparecidos. Estudié en la Facultad de Psicología y en Bellas Artes, y del ’73 en adelante muchos de mis compañeros desaparecieron. Por ende, me veo atravesada por estas dos historias”, se define la artista. “Todo esto me fue conduciendo a la necesidad de trabajar con personas en las que había resonado la historia reciente y había dejado una marca en su subjetividad. Personas que perdieron padres, hermanos e hijos en la dictadura y gente que viene de la Shoá, como me ha tocado a mí, que ha tenido que vivir una vida que ha perdido la sencillez y quizá también un poco la felicidad, al tener que estar a cargo de padres sobrevivientes de situaciones de mucha violencia y horror.” Las personas que Bekeris dibujó son Fabiana Rousseaux, Emilio Guagnini, Pablo Spinella y Julieta Colomer, hijos de desaparecidos en la última dictadura militar; Silvia Aleksander, hija de Sala, sobreviviente de un campo de concentración nazi; Ana María Careaga, secuestrada en 1977 con tres meses de embarazo; Natalia Rus, hija de padres sobrevivientes de la Shoá y hermana de Daniel Rus, desaparecido en la última dictadura; Beatriz Sznaider, hermana de Jorge Víctor, desaparecido; Luis Pincén, tataranieto del legendario cacique que resistió a la Conquista del Desierto e integrante de una comunidad que lleva su nombre; Clarisa Salinardi Torres, integrante de la comunidad mapuche, y el activista y periodista Herman Schiller.
Cuando Bekeris le propuso intervenir su retrato, Natalia Rus decidió escribirle una carta a su hermano Daniel, un físico que desapareció en julio de 1977. “Te extraño mucho, te perdiste de vivir una hermosa y gran vida”, se lee en el manuscrito a la izquierda del dibujo, en letras azules. Natalia también le cuenta sobre los avances de la fotografía, que interesaba mucho a Daniel, o las cosas que pasaron al interior de la familia. Al mirar la obra, el espectador puede percibir algo del carácter del encuentro entre la artista y las personas retratadas. “Ella trajo esa carta, la leyó en voz alta y fue conmovedor. Y trajo una foto de ella y su hermano cuando eran jóvenes, cuando no sabían lo que iba a suceder”, cuenta Bekeris. En la foto en blanco y negro se los ve a ambos sonrientes, en malla, a orillas del mar.
“Se abrió una puerta inesperada, esto trajo un viento cálido a nuestros corazones”, dice la artista respecto de la calidez que se generaba en los diálogos. En los dibujos hace breves comentarios sobre las características de los encuentros: el clima ameno que se generó, algo de la personalidad de quien se prestó al dibujo. La realidad es que de todas las situaciones tiene algún recuerdo que la marcó. Se le viene a la mente el día en que la visitó Julieta Colomer, fotógrafa y comunicadora social, hija de Enrique Colomer, detenido-desaparecido en Mar del Plata el 20 de mayo de 1977. Colomer llegó al taller de Bekeris con su hijo, Bruno, de cinco años, que se puso a dibujar. “Utilizó los mismos colores que yo había utilizado en el retrato de su mamá. Dibujó una tortuguita hermosa. La recorté y es parte del retrato. ¡Es una belleza esa tortuga! Además, Julieta me entregó una foto muy pequeña, la única y última que tiene con su papá. Ella tenía un año y medio. Me trajo la foto original. Le dije que sacara una fotocopia, y me dijo ‘no, yo quiero que esta foto esté en el dibujo’. Eso tiene una vibración emocional muy fuerte. No es cualquier foto: es la original”, destaca la artista.
“Mis dibujos son testimoniales. Son para ver y leer. Algunas personas escribieron toda la hoja. El dibujo in situ me transmite un montón de emociones que si trabajo con fotografías no las tengo para nada. Cuando me siento frente a una persona, es un desafío: tengo que atraparla”, explica. “Tengo bastante ejercicio en esto, que no es tan fácil. Propongo que los retratados estén sentados porque sé que no son profesionales y se cansan. Se establece un pacto, un encuentro casi privado. Había gente que tenía una entrega inmediata que facilitaba el trabajo, y había veces que yo tenía tensión, no me podía relajar o no me gustaba lo que estaba haciendo. En varios casos el retrato lo hice varias veces. El momento de intervenirlo era muy agradable, lindo, pero también inquietante. Yo pensaba: ‘¿qué pasará acá?’. Finalmente los dibujos se enriquecieron muchísimo. El arte que me interesa es el que habilita la palabra”, concluye.
* Tu mirada se puede visitar de lunes a sábados, de 10 a 22, y los domingos, de 17 a 20.30, en el Centro Cultural de la Cooperación, avenida Corrientes 1543.
miércoles, 22 de octubre de 2025
miércoles, 8 de octubre de 2025
"Negra leche del amanecer". Retratos en lápiz, in situ, de los sobrevivientes de la Shoá, que viven en Buenos Aires.
Sala Raijemberg, Sobreviviente del Gueto de Varsovia.
Ilustración para el cuento HAMBRE del libro de Gabriela Laperriere de Coni.
Gabriela La perriere de Coni fué Maestra, escritora, periodista, militante socialista , defensora de los derehcos de la mujer y del niño. Fundó el partido Socialista Feminista y fué una intelectual comprometida con la causa feminista vinculada especialmente a las mujeres trabajadoras,
miércoles, 1 de octubre de 2025
Serie de dibujos de trabajadores escenotécnicos del Teatro San Martín:"Tras la Escena" 1983-2017
miércoles, 10 de septiembre de 2025
Curriculum Vitae. Eugenia Bekeris, Artista Visual
Formación Académica:
Eugenia cursó sus estudios en el Colegio Northlands, institución bilingüe, y formó su formación secundaria en la Escuela Manuel Belgrano entre 1970 y 1972. Posteriormente ingresó a la Universidad de Buenos Aires en 1973 (no completó sus estudios). Realizó además numerosos seminarios sobre Derechos Humanos en la Universidad Nacional de La Plata entre otras. Estudió en el Museo del Holocausto, yad Vashem, en jerusalén, Israel acerca de distintos aspectos de la supervivencia en los campos de trabajos forzados de los detenidos en ellos.
Eugenia Bekeris es una artista visual cuya obra indaga profundamente en la reconstrucción de la identidad, abordando temas como la ausencia, el silencio y la memoria. Su lenguaje artístico está atravesado por una búsqueda testimonial: una forma de dar voz a lo que históricamente ha sido silenciado, especialmente el trauma del genocidio nazi que marcó a su familia.
Su trabajo se construye sobre la memoria de las catástrofes y entrelaza dos contextos históricos de fuerte impacto colectivo: la Shoá y la dictadura militar argentina. A través del arte, Bekeris no solo preserva la memoria, sino que también la re-significa, transformando el dolor en una forma activa de resistencia.
En 1997, realizó un viaje profundamente significativo a Lituania y Hungría —países de origen de sus antepasados— en busca de huellas del destino familiar durante el Holocausto. Como acto de memoria y homenaje, inscribió sus nombres en los archivos de víctimas del Genocidio en Yad Vashem, Jerusalén, otorgándoles así una sepultura simbólica.
Actualmente, continúa produciendo obra y se encuentra trabajando en una nueva exposición, centrada en dibujos realizados en jardines, explorando la naturaleza desde una mirada sensible y comprometida.
Experiencia Profesional Destacada:
Supervisó e integró el equipo de realizadores esceno-técnicos del Taller de Escenografía del Teatro San Martín desde 1983 hasta el 2013.
Cofundadora del Colectivo Dibujos Urgentes (2010 - presente). Junto con Paula Doberti crearon este espacio de registro documental a instancias del Colectivo de HIJOS, que se ha mantenido activo especialmente en el marco de los juicios de lesa humanidad en Argentina.
Participación en encuentros internacionales, entre ellos:
· “Tensión entre la palabra y la imagen”, Universidad del Claustro de Sor Juana Inés de la Cruz, Ciudad de México. Presentó el vídeo “El Secreto”.
· “Arte para todos”, Voluntarios de las Naciones Unidas, Tegucigalpa, Honduras. Llevó a cabo la obra “Anti-muro, señal urbana para la memoria del presente”.
· “Efecto de la violencia política en los niños”, Dublín, Irlanda del Norte. Exhibió la obra del Colectivo Dibujos Urgentes.
Docencia:
Ha creado espacios de reflexión y transmisión acerca de la memoria colectiva y las marcas que en la subjetividad dejan los genocidios. En Argentina, Israel y Uruguay, compartiendo su experiencia desde el arte, la memoria y los derechos humanos.
Jurado internacional: Representó a la Argentina en la VI Trienal de Arte Majdanek 2000, en el Museo del Campo de Exterminio Nazi Majdanek, Lublin, Polonia (1999).
Exhibiciones Seleccionadas:
Dibujos Urgentes en Juicios de Lesa Humanidad (2010-2025).
Memoria Activa (2015-2018).
Dibujos Urgentes Testimoniales Intervenidos, Museo de la Memoria de Montevideo (MUME).
Contrapunto, Sala Abraham Vigo, Centro Cultural de la Cooperación (Curaduría: Alberto Giudici).
Jardines, dibujos, Sala Raúl Lozza, Centro Cultural de la Cooperación (Curaduría: Eduardo Stupía).
Tu mirada, retratos testimoniales intervenidos, en el mismo espacio y también en el MUME (Curador: Juan Pablo Pérez).
Negra leche del amanecer, retratos de sobrevivientes de la Shoá en Buenos Aires, exhibida en el Centro Cultural Borges y el MUME (Curador: Eduardo Stupía).
Testigos, un solo testigo y no podrán desaparecer la historia, presentada en Mendoza, Chile y Azul (Buenos Aires), con textos de Daniel Feierstein.
AntiMuro, Señal Urbana para la Memoria del Presente, "Arte para Todos" Tegucigalpa, Honduras.
El secreto, instalación multimedia, Centro Cultural Recoleta (1995) y Museo del Campo de Majdanek, Polonia (1998).
viernes, 5 de septiembre de 2025
Presentación en Cine Club Nómade, San Marcos Sierras, Pcia de Córdoba, Argentina.
El relato, las imágenes y el diálogo posterior con los participantes, fue de una profundidad reflexiva y emotiva desbordante de lágrimas y abrazos.
Asistimos al encuentro entre personas que compartieron el testimonio de memorias dolorosas de los genocidios sufridos, y las marcas que nos dejan en el cuerpo tanto individual como colectivo.Pero a la vez, al compartirlas, nos dejó un sentimiento profundo de hermandad y de poder conjurar tanta crueldad, dando voz e imágen, a través del arte, a la humanidad que no pueden destruir, cuando nos reconocemos y abrazamos .
Sin duda, fue para todos y todas un encuentro sanador.
Gracias por tanta entrega."
Palabras de Mónica Castro acerca de la presentación de la Película del Director Juan Manuel Repetto: Retratosdeeugenia, y el libro Dibujos Urgentes, de Eugenia Bekeris y Paula Doberti, Testimoniar en Juicios de Lesa Humanidad, en Cine Club Nómade, San Marcos Sierras.
sábado, 26 de julio de 2025
miércoles, 9 de julio de 2025
miércoles, 21 de mayo de 2025
miércoles, 14 de mayo de 2025
“Viento cálido en nuestros corazones” en Página 12
Clic en el link para leer la nota “Viento cálido en nuestros corazones” Nota de Página 12, año 2015.
miércoles, 7 de mayo de 2025
miércoles, 30 de abril de 2025
Mis Máscaras
Máscara de Cartapesta "PeronGardel' de mi colección.
Reproduje una copia para Margarita Bali cuando visito mi taller junto a Mónica Toshi, hace muchos años atrás y llevo una copia la que le,dio movimiento y vida en su coreografia.
miércoles, 16 de abril de 2025
miércoles, 9 de abril de 2025
jueves, 3 de abril de 2025
Dibujar la memoria, la verdad y la justicia Mar 24, 2020
Eugenia Bekeris y María Paula Doberti son artistas visuales militantes. Cabría preguntarse qué artista no lo es, pero en su caso la labor artística al servicio de una causa ha sido tan sostenida y significativa que han creado una obra que se volvió un documento histórico vivo del ejercicio de hacer memoria. Desde hace diez años, ambas asisten a las audiencias públicas donde se juzgan los delitos de lesa humanidad, se sientan como oyentes y con sus manos, lápiz negro y un bloc de notas tamaño A4 dejan testimonio de los rostros y las palabras, diálogos, escenas y recuerdos que acontecen allí, a partir de las declaraciones de víctimas sobrevivientes, testigos y perpetradores del horror cometido durante la última dictadura militar argentina.
El fruto de esas horas y trazos militantes hoy puede palparse como un conjunto: 100 de esas piezas artísticas -en el sentido amplio del arte, en su dimensión política y creativa- fueron seleccionadas y forman parte de Dibujos Urgentes. Testimoniar en juicios de lesa humanidad, libro-archivo publicado por Mónadanomada ediciones que sus creadoras presentaron el miércoles 11 de marzo en el Centro Cultural de la Cooperación. El origen de sus prácticas, hace una década, fue la iniciativa que H.I.J.O.S. y la Universidad Nacional de las Artes (entonces IUNA) lanzaron con la idea de contrarrestar la decisión de la Corte Suprema de prohibir los registros fotográficos y fílmicos en los juicios, tras la desaparición de Jorge Julio López.
“No tiene nada que ver el dibujo de un retrato tradicional con uno de nuestros dibujos de las audiencias -dice Doberti, aún cuando el ojo lego percibe rostros y cuerpos en esas imágenes-. Lo que hacemos es dibujar durante toda la declaración del testimonio, sin metaforizar, sólo lo que vemos. Son dibujos textuales, porque solemos agregar fragmentos de las declaraciones. Es muy distinto, porque uno observa muchas horas a una persona, va corrigiendo el dibujo, tratando de encontrarle la expresión, y en ese detenimiento se convierte en algo diferente. Además, lo hacemos a través de una pantalla, a su vez mediatizada por el vidrio de la sala de la audiencia, y en el contexto de una declaración bastante dolorosa. Lo que hacemos es la visualización de un testimonio”.
Este trabajo nació de la prohibición de fotografiar y filmar los juicios. ¿Qué diferencia creen que hay entre un dibujo y una fotografía o un video para registrar lo que se vive allí?
María Paula Doberti: El dibujo tiene algo que acerca más al espectador. No sé por qué motivo, pero algo lo hace más cercano. Hacerlo con la mano, sin la mediación que tiene una foto o un video, quizás. O el estar hechos de manera rápida, a lápiz negro, con el agujerito de bloc en el papel… Tal vez eso acerca a quien los mira, como algo que formó parte de su propia historia, porque todos dibujamos en algún momento de la vida.
¿De dónde nace esta idea de lo “urgente”?
MPD: Fuimos armando la idea de qué es un “dibujo urgente” mientras los íbamos dibujando.
Eugenia Bekeris: Lo urgente fue emergente de la práctica. Empezamos a notar la urgencia del dibujo en un ámbito judicial de quienes habían logrado sobrevivir. Era un ámbito delicado y allí la urgencia era una cualidad fundamental para atrapar y registrar estos juicios como hechos únicos.
¿Cómo empezaron a organizarse para hacer los dibujos?
EB: Nosotras no nos conocíamos. Al principio, cada una empezó a dibujar sola. Y sucedió que, estando en ese ámbito, en estos escenarios del horror, hacerlo en compañía de una colega era fundamental y necesario.
MPD: Juntas fuimos decidiendo qué hacer y qué no. Por empezar, resolvimos que los dibujos no se tocan. Si un dibujo queda por la mitad, porque una persona declaró poco y no lo terminamos, así queda. No los completamos porque los consideramos un testimonio. La relación con las palabras también la descubrimos en la práctica: al principio, sólo dibujábamos por la necesidad de que esas palabras no se evaporaran, de no perder esos fragmentos de testimonios que atravesaban alma o daban escalofríos. Nos dimos cuenta de que, a veces, anotábamos lo mismo.
¿Fue difícil dibujar a los genocidas?
MPD: Sí, me costó. No sé si dibujarlos, me costó verlos. La primera vez que vimos a Videla, dije “guau, ese es Videla, ese viejecito anciano que casi no puede caminar”. Nos han preguntado si dibujamos igual a un genocida y a un sobreviviente, y la verdad es que sí: el dibujo es igual. Y eso lo hace más perverso: saber que es una persona como cualquiera. No tiene cara de genocida, tiene cara de persona común como la que te cruzás en la calle. Cuando se pone a hablar, se transforma en Videla. Ahí saca todo su demonio interno. Me pasó con Julio Poch, el aviador de los vuelos de la muerte. Realizó una declaración muy larga, como de cuatro horas. Al principio, estaba muy coacheado por sus abogados, usaba un vocabulario súper cuidado, y además estaba muy bien vestido, un tipo grande, pintón, te diría. Y en un momento, me dio miedo y se lo dije a Eugenia. ‘Este tipo me está dando miedo’, le dije. Y ella me dijo: ‘Te está seduciendo, por eso te da miedo’. Recuerdo también otra vez, ante un apropiador, en una sala muy pequeña. Yo estaba dibujándolo desde atrás, el rostro a tres cuartos, y se ve que él sintió mi mirada. Se dio vuelta y me miró fijamente a los ojos. Como si me dijera: “¿Qué estás haciendo?”. Me sostuvo la mirada y no pude seguir el dibujo, me atemorizó. Ese tipo, es capaz de hacer todo aquello por lo que hoy lo están juzgando, sólo mirándome me heló la sangre.
Las escenas macabras y los dolores inconmensurables son parte de eso inaprensible que atraviesa sus dibujos, y que antes las atravesó a ellas. Son recuerdos que ahora les pertenecen y que su memoria invoca casi irracionalmente, a su puro antojo. Doberti trae la figura de Stella Calloni, testigo especialista en el juicio por el Plan Cóndor, cuando se le pregunta por el número de dibujos que acumularon en estos diez años. Y consultada por cuál fue la última audiencia que dibujaron, Bekeris detalla su último registro del dictador Jorge Rafael Videla, ese que guardó entre sus papeles hace siete años. Sus recuerdos, testimonios de virtual presencia ante aquel terror, también funcionan según la lógica de lo urgente: lo que conmueve, lo que dejó huella en su alma, es lo que sale a la superficie.
“Recuerdo muy bien la audiencia de Stella Calloni -la evoca Doberti-. Ella era una persona grande, pero cuando declaraba no tenía ni un ayuda-memoria. Tenía una memoria impresionante y hablaba sin parar, con mucha precisión. Me acuerdo que, durante el cuarto intermedio, me la crucé en el baño: era una anciana a la que ayudaban a caminar. Me impactó que fuera la misma persona. Y cuando se reanudó la audiencia, volvió a ser gigante y todopoderosa”.
Bekeris es la última persona que capturó una imagen pública del genocida que encabezó la junta militar que se alzó con el poder luego del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976. Aunque no había nadie en el sector asignado al público, estaban presentes miembros de la querella, el abogado del dictador y los jueces: sin embargo, en la memoria de Eugenia, el recuerdo es de él a solas frente a ella.
“Me acuerdo que entró al recinto vacío sostenido a cada lado por un hombre, arrastrándose -relata-. Se sentó a dar su alegato y parecía que no iba a poder hablar, tenía la boca pastosa. Tuvieron que acercarle un vaso de agua. Me provocó vértigo ver a ese anciano moribundo, con la nariz dilatada, los párpados caídos, los ojos vidriosos, balbuceando. Era un despojo. Le mandé un mensaje a María Paula: “Videla se va a morir”. Cuando por fin pudo hablar, repitió que no le daba a ese juicio ningún valor legal, que seguía acompañando a sus camaradas hasta el final. Junto al dibujo, tengo escrito lo que dijo: hablaba despacio, como si me lo estuviese dictando a mí. Yo dibujaba en mi cuaderno pequeño, con lápiz y goma, ese final: ese genocida tan temido y cruel estaba reducido frente a mí, sentadito ahí, muriendo. Como si fuera una venganza sutil, alejado de la escena de crueldad y condenado a cadena perpetua. A los tres días, murió”.
Su subjetividad, movilizada durante las audiencias, ¿cómo se conjuga al dibujar con la intención de registrar la escena?
MPD: Obviamente una siempre dibuja desde una. Es inevitable. Pero nosotras teníamos la claridad de saber que nuestro objetivo era darle visibilidad a los juicios: lo hacíamos y seguiremos haciendo desde esa tarea militante, no con el fin de exponerlos en una galería. Nos sentamos a dibujar desde otro lado, acompañando esos testimonios. Es distinto a estar en un taller componiendo más reflexivamente. Personalmente, en los dibujos de los juicios soy pura emoción. Es muy complicado dibujar ahí.
¿Por qué?
MPD: Porque los testimonios son muy crudos y duros. Me ha pasado no poder seguir dibujando porque tenía los ojos llenos de lágrimas y tener que parar y serenarme. O atemorizarme frente a un genocida. Son emocionalidades complejas a la hora de hacer un dibujo, que además vienen desde afuera. Cuando uno dibuja en taller, las emociones nacen desde el hacer. Acá, es lo que oís, que te puede dar un palazo o ganas de abrazar a alguien.
¿Es posible dibujar en esos momentos?
EB: Adquirimos práctica para abordar estos escenarios, encontrando estrategias para dibujar. Siempre uso una metáfora de lo que me pasaba a mí: iba de cacería a atrapar imágenes. Y eso genera una cierta distancia emocional. Era vertiginoso, urgente. Confrontadas al hecho con velocidad, teníamos que documentarlo con rapidez. Eran aterradores los testimonios de las víctimas testigos, pero no teníamos tiempo de aterrarnos. Aún cuando esos testimonios desoladores nos ponían a la vista una experiencia inabordable.
¿En qué sentido?
EB: Podríamos asociarlo al concepto que refiere a los sobrevivientes del Holocausto y a ese “otro lado” donde estuvieron, como otra dimensión de la realidad, a la que nosotros, que no estuvimos, no tendremos acceso nunca y de la que ellos no podrán salir. Es inabordable, inasible, difícil hasta de comprender. Te hace doler, te sorprende, te pone triste, pero nosotras no intentamos darle ningún tipo de emoción a nuestros dibujos. No agregamos fiereza ni tristeza, aunque en nuestro dibujos algo de eso trasciende.
Hay algo de lo sombrío en sus trabajos.
EB: Sí, hay algo que es inquietante. El día de la última aparición de Videla, me acuerdo que llegué a casa y dormí el resto de la tarde, como tres horas. Nos impactó en el cuerpo todo eso que vivimos.
Los juicios por delitos de lesa humanidad que lleva adelante Argentina son un hecho único e inédito en todo el mundo: prácticamente no hay países que hayan saldado esos delitos con sus propios tribunales y con las leyes que se aplican a todos sus ciudadanos. En ese sentido, las autoras de Dibujos Urgentes lamentan la poca concurrencia de público que llega a las audiencias. “Los juicios no tienen ni la difusión ni la visibilidad que merecen, por eso nosotras subíamos siempre los dibujos a nuestras redes. A veces, la gente se enteraba de los juicios por nuestros dibujos. Durante mucho tiempo, ha sido un proceso judicial casi invisible”, se lamenta Bekeris.
Por el imprescindible ejercicio de la memoria, pero también para reivindicar unos procesos de justicia inéditos y originales en todo el mundo, es que su obra se agiganta en valor. “Creo que es muy importante este trabajo -agrega. Estos dibujos pequeños y en lápiz dan cuenta con sencillez de hechos muy importantes para las nuevas generaciones. Para quienes nacieron en post dictadura, el libro puede ser una estrategia poderosa de información. A veces la lectura no alcanza. Nosotras escuchamos e intuimos lo que les pasó a quienes declararon, más de eso no podemos hacer, pero los textos vuelven su palabra presente, la traen in situ, nada de lo que dijeron fue modificado. El testimonio intacto en dibujos es una posibilidad de acceder a otro fragmento de la verdad en esta lucha contra el olvido y el negacionismo”.
¿Por qué creen que se acerca poca gente a los juicios?
MPD: Un poco de todo. Al principio iba mucha gente, pero hay que sostener una práctica de tantos años… Siento que hay muy poca difusión y mucha gente no se entera. Los cuatro años del macrismo fueron tremendos en ese sentido, hubo un silenciamiento total. Además, creo que esta idea de preservar a los testigos y no poder fotografiarlos ni filmarlos, invisibilizó a los juicios, justamente cuando parece tan necesario que alguien acompañe en esos momentos.
Además de sus dibujos, su presencia debe haber sido importante en ese sentido. ¿Tuvieron devoluciones sobre eso?
MPD: Una vez, Eugenia le mandó uno de nuestros dibujos a una persona que había declarado y no los había podido ver, porque a veces, cuando salen del tribunal, les mostramos los dibujos o les pedimos sus mails para mandárselos. Esa vez, ella le preguntó a un sobreviviente si nuestros dibujos le parecían banales en el marco de todo lo que habían vivido. “Lo que nos importa es que ustedes estén ahí y que los dibujos sean como un testimonio”, le dijo. Imagino, por lo que nos cuentan, que no debe ser igual declarar frente a una sala llena que hacerlo cuando no hay nadie. A veces, cuando van personas que tienen una gran militancia, van muchos compañeros y se produce un diálogo con quien declara. Y otras veces, cuando está sola la persona declarando, es muy triste. Me pasó una vez que me quedé sola en la sala. Declaraba una mujer por la desaparición de su hermano. Llevó una foto de él, y no había nadie. Se fue muy angustiada, después de declarar, abrazada a la foto de su hermano. Está bien que se declara para que escuchen los jueces, pero también es necesario que haya alguien del otro lado, escuchando…
Estabas vos.
MPD: Sí, pero estaba yo sola. Y como ella estaba muy angustiada, no me dio para acercarme. Es que ella lloraba. Y yo también.





































