jueves, 18 de junio de 2026

"OFRENDA" exposición de dibujos en la Sala 13 del Centro Cultural Recoleta. Hasta el 25 de julio.

 


OFRENDA

 

Texto Curatorial                                

Nadia Salem

En las cosmologías tradicionales, el acto gráfico opera como una práctica performática y comunitaria que trasciende lo meramente visual. Mediante el trazo, el dibujo se convierte en una ofrenda ritual izada que dialoga con lo sagrado, funcionando al mismo tiempo como un testimonio insustituible que documenta la historia, la resistencia y la memoria colectiva de un pueblo.

A través de una larga trayectoria, marcada por el compromiso testimonial, Eugenia Bekeris ha utilizado el retrato como dispositivo de mediación entre la memoria y la identidad. A lo largo de los años, su práctica artística se ha centrado en el registro sensible de víctimas sobrevivientes del Holocausto, integrantes del pueblo Mapuche y testigos de la última dictadura cívico-militar Argentina, indagando así en la resignificación de su propia historia. Ofrenda constituye el estadio resultante de una búsqueda que traslada el rigor del testimonio al ámbito de lo natural. 

Con el mismo respeto que aborda al ser humano, Eugenia desarrolla un diálogo profundo con la naturaleza, al tiempo que revela una mirada contemplativa de reconocimiento  y agradecimiento. Lo que se inicia en la búsqueda de belleza como acto de supervivencia y restitución vital del sentido deviene “escritura de la mirada” en el dibujo, un diario íntimo que se convierte en un archivo visual, un testimonio donde las obras ya no se presentan como elementos decorativos en un paisaje pasivo que contemplar en la distancia, sino que se convierten en una declaración de identidad.

Si aceptamos a la naturaleza hoy como víctima de una violencia ecocida -equivalente a un genocidio - esta propuesta nos invita a preguntarnos, entonces, si Ofrenda no constituye también un testimonio necesario para nuestra memoria futura.

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Eduardo Stupia

“Aunque una hoja jamás sea igual a otra,

el concepto de hoja se forma prescindiendo

arbitrariamente de las diferencias individuales,

olvidando las características

diferenciadoras que provoca la representación,

como si en la naturaleza hubiera algo,

fuera de las hojas, que fuera la “hoja”,

una especie de forma original

que sirviera de modelo.”

Friedrich Nietzsche, El libro del filósofo

 

Entre los herbarios del siglo XIX cuyos ejemplares físicos se han preservado asombrosamente, dos de los mas preciosos y singulares son los que recopilaron con sus propias manos y en amorosa empatía con el mundo circundante Henry David Thoreau, el extraordinarios autor de Walden, la vida en los bosques, y la inconmensurable poeta Emily Dickinson.

En sendas colecciones, las hojas y las ramas, los tallos y las flores se conservan fisicamente intactos, fijados a las amarillentas hojas con un color atravesado por el tiempo pero todavía vibrante y vivo, eternizando el instante en que ellos los ubicaron e identificaron cuidadosamente en cada página. Y es facil imaginarlos en la cotidiana plenitud de sus meditativas caminatas – a través del jardín, la foresta, la pradera, en las orillas de rios y arroyos – deteniendose aquí y allá en cuclillas, para acariciar esos preciosos exvotos vegetales y extraerlos del gran lienzo terrenal.

En la pausa de observación y concentración a la que Eugenia Bekeris se entrega para la elaboración de sus dibujos persiste mucho de esa reverencia, de la apelación a la sencillez del método, de la herramienta y del estilo,   para que la preservación del escenario natural le ceda a éste el bello protagonismo de una plasmación directa, verista, sin excesos ornamentales ni artificiales fantaseos.   La modestia monacal y el edénico anhelo de Thoreau – Dickinson parecen resonar en el iluminado remanso de la mirada de Bekeris, ubicada frente a sus modelos botánicos con un punto de vista equidistante entre el detallismo del naturalista con su fidedigna minuciosidad, el registro íntimo del motivo, el momento y el lugar, y la experiencia de captación e integración casi animista.

Con un trazo de inspiración clásica en la resolución descriptiva, y a mitad de camino entre el detallismo optico de Van Gogh y la linea vibratoria de los impresionistas, Eugenia Bekeris nos revela las floraciones de un escenario que ella ha reconvertido secretamente en la minúscula, doméstica versión de un paraiso posible.